Se agachó y recogió la nota. Manuscrita, con caligrafía impecable, una frase: "Soy tu yo mañana". La había encontrado a los pies de su cama. Al leerla sintió la emoción subir como la espuma. Su yo del futuro se estaba comunicando con ella. Qué grandiosa experiencia que, habiendo sido ya dejada atrás por el inexorable paso del tiempo, una persona que es ella pero distinta se tome la molestia de volver atrás para solo para saludar.
Entonces surgieron las preguntas: "¿Cómo lo he hecho?", "¿Cuándo he vuelto?", "Si lo he hecho yo, debería saberlo, ¿no?", "¿Qué me quiero decir con esto?" "¿Estaré en peligro?". Ahí despuntó el inicio de una obsesión que tornaría en enfermiza. Ahora lo veía todo con otros ojos y la realidad parecía tomar otro tamiz distinto. Se abrían ante ella mil paradojas espacio-temporales, mil preguntas sin respuesta y mil posibilidades angustiosas o maravillosas.
La obsesión la arrastró casi al borde de la locura y al precipicio de la paranoia. Anduvo todo el día perdida entre sueños y realidad hasta que, exahusta y atormentada, cayó rendida en brazos de Morfeo al filo del alba. Apenas unas horas o tal vez cientos de años después, se vio arrancada de nuevo del descanso por unas insistentes llamadas a la puerta. Tal vez, quién sabe, era su yo del futuro.
Corrió a la puerta con el alma en vilo y la cordura pendiente de un hilo. Allí, la esperaba un hombre sonriente de aspecto indolente que tanteaba evocar ciertos recuerdos en su confusa mente. "Hola cariño." - saludó-. Qué cambiada se veía en el futuro. "Me pediste que necesitabas distanciarte un poco, ir a tu aire un tiempo, tener tu espacio, reflexionar... Nos hemos dado un tiempo que necesitábamos los dos." - prosiguió su extraño yo del futuro-.
Pareció dudar brevemente antes de proseguir el desconocido de la puerta; entonces la luz se hizo en ella y reconoció en aquel hombre a su novio del presente. "Pero creo que ya es hora de que volvamos a estar juntos porque nos queremos. Te dejé un mensaje ayer para avisarte: 'Soy tuyo mañana'. ¿Lo leiste?"
Comprendió ella en ese revelador instante la importancia del espacio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario