jueves, 23 de febrero de 2012

La vuelta a lo mismo en 80 días.

Periodistas con hambre

Debe ser verdad que para ser periodista hay que llevarlo dentro. Porque para escribir, solo sirve lo de dentro. El mundo es una ficción que puedes moldear con la palabra, si haces de tu ilusión la suya. Los hechos no existen sino se les da voz. Y esa voz, se lleva dentro. Los poetas siempre se han muerto de hambre, pero la poesía nunca ha muerto. Se hacen necesarios periodistas con hambre.

Apagado o fuera de cobertura

[Recuperado]
Me encanta que todo sea tan metafórico, así nada es lo que parece. Silenciaré mis notificaciones. Hoy quiero estar apagado o fuera de cobertura.

http://www.youtube.com/watch?v=TXeaFiz6JU4&feature=youtube_gdata_player

Un ocho en la recuperación

[Recuperado enero 2011]
Saludo con desgana al nuevo día. Qué rápido se esfuma una sonrisa cuando era falsa. No era una relación seria. Lo serio viene ahora. No más bromas, risas ni sonrisas. "Tú no has hecho nada" y tal vez sea ese el problema. Es llegar tarde cuando ya da igual, cuando las clases se han acabado y el timbre ya ha sonado. Pero te has olvidado de recoger tus cosas de mi pupitre. Me quedaré subrayando lo más importante; aunque este examen no tenga ya recuperación.

[Recuperado 8 de junio 2011]
Qué deliciosa ironía. Ya se ha acabado la Selectividad y aún así me presento a un examen más. Diría que de forma voluntaria, pero no. Venía arrastrando esta asignatura desde hace demasiado tiempo; era mi melodía de fondo, mi retrato inacabado, mi ventana sin cerrar, mi adiós sin despedida, mi calma herida. Por fin, ha habido convocatoria de recuperación. Inútil estudiar, siento tú, compleja e infinita, el temario. Solo queda improvisar y ya me darás la nota, cuando haya sudado hasta la última gota. (8)

Extrema unción al periodismo

El periodismo no ha muerto, pero ha quedado tuerto. La instantaneidad ha robado al periodismo su sentido semiólogico básico, el concepto de periodicidad: el flujo de información procesada y analizada de forma regular. Ahora las noticias vuelan y los aeropuertos están saturados. La clásica figura del reportero aventurero lanzado a la difícil misión de atrapar una exclusiva allá donde se escondiese y elaborar un reportaje con el que sacarlo a la luz es hoy un nostálgico fósil del pasado. La tecnología y, sobre todo, la cultura del desfase continuo han vuelto obsoleto este modelo. Ahora cualquiera puede conocer de un ligero atisbo todo lo que está pasando en el mundo al momento, directo de la fuente. Todo lo que se pueda decir se ha dicho ya antes. Las prisas, la necesidad de actualización constante, convierten en superfluo el análisis que el periodista pueda ofrecer de los hechos. Prima la rapidez del servicio frente a su calidad. La investigación, el afán profundizador y la búsqueda del trasfondo de los acontecimientos decae en lenta agonía. Internet y su infinidad han tomado el relevo. Hoy en día, el público quiere conocer, no saber. Parece así inútil la labor periodística. Puede ser. Claro que aún queda una labor innata del periodismo que se resiste a claudicar: la manipulación. Los medios siguen siendo la herramienta ideal para controlar a las masas y generar opinión pública inducida. Aún no ha perdido la comunicación su sonrisa embaucadora de vendedor de enciclopedias. Ese reverso taimado que nos muestra solo una cara de la moneda. ¿Cuál? Depende. Tuerto ha quedado el periodismo, que ya solo mira al mundo con un ojo y habla con mil bocas. Descanse en paz lo que fue.

Tira de la cadena

Tan solo quiero oír un te quiero que suene sincero y me vacíe por el sumidero... Tu cariño de baratija no canjea ya valores en mis acciones. Tal vez, yo he cambiado de divisa, y tú de mercado.

martes, 21 de febrero de 2012

Es demasiado joven

Que el amor no tiene edad es relativo. La edad la tenemos nosotros. El amor como concepto lo que tiene es tiempo. Mucho ya. Y aún no sabemos nada de él. Se comporta, en parte, como cualquier persona: nace, crece, se desarrolla de mil formas y en mil apariencias, para luego apagarse en lenta letanía hacia el fin de la pasión y morir. Calor, fuego y frío: las edades del amor y su juego. Y por otro lado están las personas, que sí tienen edad. También son fuego y son hielo. Es imposible no arder mientras haya llama. Pero la edad de las personas se mide en años y la del amor, en daños. Edad y amor, ambos experiencia, que nunca es suficiente. O siempre demasiada. El amor al final, es siempre demasiado joven.

lunes, 13 de febrero de 2012

Metas sin gloria

Qué excusa más barata recurrir al hastio para justificar la pereza. Estoy en una etapa en la que sólo me apetece una cosa. Y eres tú. El resto me cansa, me aburre, me dispersa y adormece. No encuentro otra motivación. Pena que la compensación sea nula y las perspectivas desoladoras. Pena saber que triunfarás en lo que te importa y quedaré en la cuneta. Deliciosa meta, la mía. Acuérdate cuando consigas tu sueño de que alguna vez fuiste el mío. Aunque no te importe.

sábado, 11 de febrero de 2012

Miedo

"Qué fuerte te va el corazón". Es por ti, creo. Me adormeces la mente y aceleras el pulso. "¿Como la droga?" No, como el miedo.

Oyente insomne

Esos días en los que sólo quiero dormir pero tú no me dejas. Como la música, evocas en mi cabeza las mas perturbadoras fantasías que, de la euforia a la melancolía, arrebatan el dormir para ser sueño. Mi sueño. Ni las palabras más ampulosas sirven para expresarte más que a medias, en un descafeinado ejercicio artístico. El requiebro florido y la prosa engalanada como metáfora de tus complejidades, de tus mil recovecos y valles de ecos. Pero en el fondo es verbo vacío; vacío como yo me siento cuando no te entiendo. Cuando no entiendo el inaccesible lirismo en el que yacen tus misterios y florecen tus sonrisas. Ese aire enigmático que confiere la inocencia que no es tal. Ese sutil toque de parezco ir mucho más allá de donde tú podrás llegar, ese estar a dos pasos o a dos abismos; ese estar de vuelta cuando tú, pobre, aún no has encontrado el camino... Todo eso y más que pareces decirme con la mirada, con las historias de tu pasado y mis anhelos en tu futuro. Esa suave envoltura de alma cómplice que esconde secretos de puentes cortados, de amagos, de accesos vetados. Saber con diáfana resignación que soy tu capricho, tu decisión, que soy yo el que va detrás, a expensas de tus concisiones, de tus andares. Saber que puedo conocerte más que nadie, pero no entenderte; o comprenderte más que a nada, pero jamás conocerte. Curioso ver qué pequeño puede hacerte la cosa más pequeña, el detalle más insignificante, que encierra la galaxia más grande del universo más diminuto. Y tan inútil como el barroquismo literario es el tópico, el recurso manido con olor a viejo que impregna indemne toda manifestación de amor. Ese "sin ti no soy nada", "lo eres todo para mí". Es mentira, en verdad, sin ti, no soy nadie. Sólo queda, como último recurso desesperado, la música. La música que es poesía sin ataduras, poesía que intoxica almas y mece hilos invisibles, malabarista de conciencias, que lo cambian todo. Desde la más despreocupada sonrisa al velo acuoso en la mirada. Y sólo a eso te puedo comparar, tan sólo a ese influjo maldito que mueve resortes a su caprichoso antojo, que juega con todo y todo lo altera, sólo a esa música que suena continua en mi cabeza y despierta pasiones dormidas y sueños que no pueden dormir. Algo así, eres tu. Y yo, tu oyente insomne.