sábado, 11 de febrero de 2012

Oyente insomne

Esos días en los que sólo quiero dormir pero tú no me dejas. Como la música, evocas en mi cabeza las mas perturbadoras fantasías que, de la euforia a la melancolía, arrebatan el dormir para ser sueño. Mi sueño. Ni las palabras más ampulosas sirven para expresarte más que a medias, en un descafeinado ejercicio artístico. El requiebro florido y la prosa engalanada como metáfora de tus complejidades, de tus mil recovecos y valles de ecos. Pero en el fondo es verbo vacío; vacío como yo me siento cuando no te entiendo. Cuando no entiendo el inaccesible lirismo en el que yacen tus misterios y florecen tus sonrisas. Ese aire enigmático que confiere la inocencia que no es tal. Ese sutil toque de parezco ir mucho más allá de donde tú podrás llegar, ese estar a dos pasos o a dos abismos; ese estar de vuelta cuando tú, pobre, aún no has encontrado el camino... Todo eso y más que pareces decirme con la mirada, con las historias de tu pasado y mis anhelos en tu futuro. Esa suave envoltura de alma cómplice que esconde secretos de puentes cortados, de amagos, de accesos vetados. Saber con diáfana resignación que soy tu capricho, tu decisión, que soy yo el que va detrás, a expensas de tus concisiones, de tus andares. Saber que puedo conocerte más que nadie, pero no entenderte; o comprenderte más que a nada, pero jamás conocerte. Curioso ver qué pequeño puede hacerte la cosa más pequeña, el detalle más insignificante, que encierra la galaxia más grande del universo más diminuto. Y tan inútil como el barroquismo literario es el tópico, el recurso manido con olor a viejo que impregna indemne toda manifestación de amor. Ese "sin ti no soy nada", "lo eres todo para mí". Es mentira, en verdad, sin ti, no soy nadie. Sólo queda, como último recurso desesperado, la música. La música que es poesía sin ataduras, poesía que intoxica almas y mece hilos invisibles, malabarista de conciencias, que lo cambian todo. Desde la más despreocupada sonrisa al velo acuoso en la mirada. Y sólo a eso te puedo comparar, tan sólo a ese influjo maldito que mueve resortes a su caprichoso antojo, que juega con todo y todo lo altera, sólo a esa música que suena continua en mi cabeza y despierta pasiones dormidas y sueños que no pueden dormir. Algo así, eres tu. Y yo, tu oyente insomne.

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