Porque ser insomne significa quedarse demasiado tiempo a solas con uno mismo. Ahí siempre estás tú. Y no deberías.
jueves, 4 de octubre de 2012
El llanto de una hormiga
Si quieres hallar el espectáculo más triste del mundo, imagínate a una hormiga que llora. Una diminuta hormiga que llora desconsoladamente. Imagínate la desamparada nimiedad del llanto de una hormiga. ¿Una hormiga que llora? Te preguntás. Oh, ¿y por qué llora? ¿Ha sucumbido al hastío de una existencia basada en lo ínfimo? ¿Ha alumbrado repentinamente la conciencia de ser del todo innecesaria para el mundo? ¿Se siente, tal vez, sola y perdida? ¿Qué puede motivar que una simple hormiguita rompa en herrumbroso lamento? ¿Será, tal vez, un arrebato nostálgico por aquella cópula con la hormiga reina que pudo ser y no fue? ¿Un amor que no puede sentir roto? Puede que sea que ha abandonado el nido y el devenir del tiempo le ha hecho perder sus alas; sintiéndose una irrisoriamente cruel metáfora del extravío de la esperanza. Puede que sea otra cosa. Imagínate a esa minúscula hormiga, apartada del ajetreo de la vida cotidiana, descomponiéndose su alma en los versos más tristes que se hayan compuesto nunca. Imagínate esa oda silenciosa a la pena más honda. Y te preguntarás, oh, ¿suspiráis, hormiga? Y de nuevo pensarás ¡qué banal, una hormiga que llora! Y, ciego, no te darás cuenta de que el llanto de una hormiga es la cosa más triste del mundo, porque a nadie le importa. La tristeza de la indiferencia de lo triste. Imagínate que no sabe qué le pasa porque no entiende conceptos abstractos. Imagínate el susurro del viento consolando a la hormiga con una caricia, suave, ajeno. Imagínate.
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