lunes, 15 de octubre de 2012

Carta al director

Quisiera emular a Hunter S. Thompson enviando un carta al director de un periódico estableciendo las condiciones para mi contratación. Claro que, lo más probable, es que, como a él, no me contrate nadie. Pero será así igualmente, de forma que tómelo como un ejercicio de desahogo. Luego iré a echar el currículo al Mcdonald's, no se preocupe. Tal vez de mi promoción sea el que más gracia tenga escanciando Mcflurrys. O tal vez publiquen en el futuro una recopilación con todas mis cartas, a modo de redención póstuma; quién sabe. Figúrese que desde la Facultad de Periodismo se nos dice que el susodicho ha muerto. O que da los últimos coletazos agónicos. Que si Internet, que si la crisis, que si los anunciantes... Habéis de abriros a las nuevas posibilidades, reiventáos con el sistema, nos aconsejan. Y mientras preparan el entierro de la profesión, se han cargado la épica. Sed concisos, objetivos (esta es la sección de humor, tal vez), breves, aprended a comunicar... En realidad es que no tienen, en resumen, ni puta idea. El mundo de periodismo se divide en cuatro iluminados, varios inútiles que campan como Atila y sus hunos (al que se le moría toda la hierba, pobre) por las redacciones y el resto de fracasados que copan las universidades. Imagínese, aprended inglés nos dicen; el idioma del futuro, imprescindible. Y sucede en realidad que empiezan por flaquear en el castellano más aún que en las convicciones. 'Haber', que yo tengo el First y esas movidas, dirá alguno. Claro. Y yo sé chino, sólo (la RAE, otra conjunción de ínfulas alrededor de una mesa y un sueldo fijo) que no 'me se' entiende. Al final todos, hasta los presidentes del Gobierno, mire 'usté', sabemos hablar inglés. Nivel porno, eso si. Quizá la solución, en vez de tanto recortar en educación, sea recortar en tontería. Léanme ustedes a Kapuściński cuando acaben con el Marca. Correcto, has aguantado todas las clases magistrales sobre "el sentido trágico del relleno absurdo y sus conjuntos" para acabar pudiendo redactar en rica prosa y verbo fluidol la idiosincrasia del peinado de Cristiano Ronaldo o la descarnada soledad del poder estoicamente sobrellevada por The Special One (modestia aparte). Y lo de quejarse del sistema que sea flojito, que estos señores querrán descansar. Pero claro, qué se le va a pedir a estos tiempos en que todos los Ché Guevaras del mundo se levantan cada mañana a tuitear muy fuerte desde teléfonos más inteligentes que la mayoría y con baterías que duran más que sus anhelos. Lo mejor de todo es que cuando acaben de matar al periodismo se asegurarán de cobrar la indemnización. Faltaría más. Debéis abriros a los cambios, nos repetirán. Imagino que se referirán a los cambios de dueño. Mire usted a la épica, señor director, ahí llorando en un esquina. Rápido, digamos que pronto la prima de riesgo canjeará valores en el Reino de los Cielos fruto de su glorioso ascenso al más alto escalafón del neoliberalismo. Todo sea por alegrarle el día a alguien.

Bueno, no le molesto más, que va empezar Gandía Shore.

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