Porque ser insomne significa quedarse demasiado tiempo a solas con uno mismo. Ahí siempre estás tú. Y no deberías.
martes, 27 de noviembre de 2012
El polvo entre dos motas de polvo
Esta es, obviamente, la historia de un polvo entre dos motas de polvo. Del refocile, del ayuntamiento libinidosos entre dos insignificantes motecillas de azaroso polvo. El breve instante en que esas dos motillas abandonan su vida contemplativa del devenir implacable del tiempo en la cima de una estantería cualquiera, para revolotear alegremente entre la insinuante luz de un rayo de sol. Minúscula porción de tiempo en que la gravedad las libera de su acomodada tarea reposatoria para danzar en suave armonía por un aire otrora viciado y ahora vicioso. Ambas motuelas, en tan corto lapso, aproximan su compañía para bailar un polvoriento vals celestial, prendidos de la nada y ansiándolo todo. Se funden, se confunden, se hunden, y renacen. Ponen pies en polvorosa del anquilosamiento rutinario, y retozan en lo etéreo, entre la magia de la primera vez y la última, entre los deseos y los de esos y aquellos. Son polvo y se lo hacen, son polvo y se lo echan. Y, finalmente, son como motas que van a dar a la par. Y se muere la pasión, el momentáneo ajetreo del revuelo accidental, y las motecillas se posan de nuevo en su leve lecho de intrascendentalidad, como los recuerdos.
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