domingo, 25 de noviembre de 2012

Contrarréplica locuela

Se pasaban el día con el 'jijijaja'. No concebían otro modo de vida que el pique continuo, la mofa y chanza ejercida a costa del otro en constante reiteración recíproca. Gustaban de disgustarse y en el desafecto encontraban su compás perfecto. Ella era una zorra ególatra con ínfulas de princesita de cuento. Él, un latin lover abonado a la decadencia. Ella se llamaba Úrsula. Él, Manolo.

Manolo acometía tarea ciclópeas todas las mañanas tales como despertarse muy temprano para prepararle a ella un desayuno esmeradamente repugnante; o llenar la tapa del retrete de gotitas de pis con las que darle los buenos días cuando se sentara. Era un genio malvadamente simple. Úrsula, en cambio, era más taimada, más maquinadora. Ingería sin protestar todas las delicatessen que le habían sido preparadas, pero iba dejando caer lever pullas que minaran la autoestima del rival. "Mm, este pan está duro, ya podrías tomar ejemplo";" Oh, qué soso está esto, supongo que lo has hecho tú"; ¿Es esto té amargo?". Pero él no se dejaba amilanar fácilmente: "No, es me amargas", respondía.

El día proseguía su curso y ellos permanecían enredados en estos rifirrafes de amor hiriente. - ¡No sé qué veo en ti!- ¡El amor es ciego! - ¡Pero el nuestro apesta!- se susurraban abrazaditos, en alguna de sus escasas treguas. Pero en cuanto ella se distraía, él le cambiaba las agujas de los tacones por tubitos de cartón. Ella, terriblemente suspicaz, se vestía siempre tumbada y le aleccionaba con aires de superioridad, esquinadanente: "se pilla antes a un mentiroso que a una coja".

A veces Úrsula se ablandaba viendo alguna película romanticona de domingo por la tarde, en la que los protagonistas se deseaban mutuamente una muerte a polvos, y corría a decírselo acaramelada. "Atempera tu entusiasmo, nena, como no limpies más asiduamente, no tardaremos en hacerlo", cortaba Manolo, viril, recio, firme. Y corría a su vez a jactarse en Twitter escribiendo libelos difamatorios. "@Úrsula_pústula quiere que la mate a polvos. Debe ser alérgica". Rápidamente recibía contestaciones de la misma índole: "@Manol_Oroso no me rinde porque está hecho polvo". Afortunadamente, tenían menos seguidores que los partidos ecologistas y todo quedaba en casa.

El Whatsapp era otra fuente de horror y conflicto. La caquita sonriente les había interpuesto ya cuatro denuncias por abuso y una orden de alejamiento. "Qué contrariedad, no se me ocurre ninguna metáfora de Manolo más acertada que una mierda ufana de serlo", había de declarar Úrsula ante el curso de los acontecimientos. "Hemos perdido el icono de la comunicación social moderna, el símbolo de una nueva era, la bandera apátrida de las generaciones venideras", había de añadir un entendido (nadie sabe exactamante en qué). A pesar de ello, eran frecuentes las batallas dialécticas por guassa. - Fíjate, Manolo, se cae esto más que tu pene.- Debe ser que necesita un servidor con menos estrechez...de banda.

Las comidas conjuntas eran el culmen de la confrontación. "Úrsula, cariño, es la primera comida que me haces en 20 años de matrimonio", dejaba caer picantemente Manolo. Y ya devenía imposible la paz. - ¿Por qué bebes con pajita, Manolo?- Pss, será la nostalgia...- ¡Pó toma, foto pal Feisbuk! Entonces ella huía y el corría detrás. Y acababan arrinconados, arremolinados, arrejuntados, arrastrados en una espiral pasional de pulsiones contenidas. Y en vez de indirectas, se lanzaban besos, trocaban en trovadores de versos mudos y acallaban todo rumor de combate que no fuere el cuerpo a cuerpo.

"¡Píntame como a uno de tus Warhammer, Manolo!", había de oírse quedamente entre las sábanas...

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