miércoles, 5 de noviembre de 2014

Rubia melancolía

Quizás sea el contorno de sus curvas, ese cuello altivo o ese culo perfectamente redondo. Tal vez la condensación que se forma en cada parte de su cuerpo para luego, juguetona, deslizarse de arriba abajo, entreteniéndose en el contorno de su mitad. Esa humedad al tacto. Esa fría calidez. Puede que se deba a cómo se deja agarrar del cuello para llevártela a la boca. Cómo, aún así, no alivia tu ansia y necesitas más, siempre más de ella. Esa sed que es agonía incurable. Podría, incluso, ser por ese rubor que genera en tus mejillas. Por cómo te enciende la garganta y te quema el alma. O cómo te incita a arrancarle con las manos todo aquello que la recubre, empapado ya, para dejarla desnuda entre tus manos. Y notar cómo va calentandose bajo tu palma, cómo la zarandeas y se estremece, espumeante y excitada. Igual, su tono dorado. O esa amargura que te deja en el paladar cuando se va. No sé exactamente por qué, pero te adoro, cerveza.

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